domingo, 3 de mayo de 2015

Puntos de referencia


   Hoy he quedado con Pep. Solemos vernos cada dos semanas, a veces antes, depende de lo que nos tengamos que contar.

   Nos ponemos al día, repartimos cera, reímos y a veces, sólo a veces, pasan cosas inesperadas. Hoy no ha pasado nada inesperado.

  Nos hemos puesto al día en poco tiempo, porque últimamente nos va bien en nuestras respectivas guerras (él la suya, yo la mía) básicamente porque ya no nos las tomamos muy en serio. Puede que de esta manera no las ganemos, pero ahora sabemos que este es el único modo de no perderlas.

   Los dos estamos bien, en un gran momento, hace mucho que no estabamos así, y lo mas interesante es que somos conscientes de ello, y que no estamos dispuestos a renunciar a esta estabilidad así por las buenas. Luego se nos cruzarán los cables y perderemos los papeles para acabar brindando por otra derrota, pero, ¿qué diablos? ¿acaso no hemos venido a jugar?

  Y mientras hablaba con él, cuando ya nos íbamos a marchar y era de noche, una noche oscura y sin estrellas, he visto un resplandor por encima de un edificio a sus espaldas y me he preguntado si sería llena. Y sí, era llena.

  Y he pensado (Pep, si lees esto te pido disculpas porque he asentido, pero no te escuchaba) que nunca me canso de mirar la luna llena. No me llaman la atención ni los cuartos menguantes, ni crecientes, ni las medias lunas...por no llamarme la atención, no me la llaman ni los eclipses. Pero la luna llena sí, eso son palabras serias.

   Y ya en el coche, de vuelta a casa, pensando en cómo me sigue fascinando, cómo puedo mirarla cada vez como si fuese la primera (ojalá pudiese recordar la primera vez), he recordado algo. He recordado una vez que estaba de viaje. Estaba hablando por teléfono con alguien que estaba aquí, pero estando yo allí (a dos horas en avión) era como si estuviese en otro mundo, y los dos, pese a la distancia estábamos viendo la luna llena, y fue algo muy bonito, pero que rompió mis esquemas. Hasta aquel momento siempre había sido algo muy mio, era como que si yo la veía, la gente a mi alrededor también la podía ver, pero...¿alguien en otro país? Ese día aprendí que la luna llena no era mía.

   Hoy he tenido una revelación comparable a a esa. Me he dado cuenta de que es un punto de referencia, como lo es el mar, como lo son mis padres, como lo es el mismo Pep.

  La luna llena no me dice a donde debo ir, ni si voy bien o mal, pero me recuerda que hay cosas que aunque ya haya visto muchas veces antes, y no hayan cambiado, me siguen fascinando, y que esas son las cosas (personas) de las que me he de rodear, de las que no me canse, y que me llenen, el simple hecho de ser como son.


1 comentario:

  1. http://cineciutat.org/es/2015/07/08/buen-camino-sis-peregrins-un-desti/

    ResponderEliminar