Esta entrada deberías
leerla escuchando está canción:
https://www.youtube.com/watch?v=ic4PQ-tnwJw
Avisados estáis.
Hace unas semanas
descubrí el tango. Bueno, no lo descubrí porque ya estaba ahí,
porque el tango siempre había estado ahí, dentro, esperando, entre
el corazón y las vísceras, en ese lugar donde guardamos las cosas
que duelen, las que necesitan estar en una caja bajo llave. Porque
eso es el tango, el tango no es alegre (sería salsa), es nostalgia,
es desengaño, es drama, es tragedia.
Hay gente que dice que
el tango es pasión, y es cierto, pero maticemos, porque no es solo
pasión, decir eso es quedarse corto. Es más. Es vivir el aquí y el
ahora. Cuando digo vivir no me refiero a dejar pasar el tiempo, me
refiero a VIVIR. A no querer estar en ningun otro lugar ni hacer otra
cosa. A no pensar. A ser, unicamente a ser, esa canción, con esa
persona.
Cuando mis amigos se han
enterado de que he empezado a bailar tango, varios han recurrido al
cliché del bailarín de tango con la rosa en la boca. Bueno, hay
algo de cierto en eso. Imaginaos esa boca, y esa rosa. Una rosa con
espinas (como la vida, como la muerte, como el tango) y esas espinas
se clavan y los labios sangran. El tango es eso. Es el beso dulce con
el sabor salado de la sangre. Y la pasión del tango es la que pones
en ese mismo beso, sabiendo que puede ser el último. Eso es el
tango. Esa es la forma en la que hay que bailarlo, disfrutando lo
bueno, lidiando con lo malo, en resumen: VIVIENDO.
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