miércoles, 11 de marzo de 2015

La vida es un tango.

   Esta entrada deberías leerla escuchando está canción:
   https://www.youtube.com/watch?v=ic4PQ-tnwJw

   Avisados estáis.

    Hace unas semanas descubrí el tango. Bueno, no lo descubrí porque ya estaba ahí, porque el tango siempre había estado ahí, dentro, esperando, entre el corazón y las vísceras, en ese lugar donde guardamos las cosas que duelen, las que necesitan estar en una caja bajo llave. Porque eso es el tango, el tango no es alegre (sería salsa), es nostalgia, es desengaño, es drama, es tragedia.

   Hay gente que dice que el tango es pasión, y es cierto, pero maticemos, porque no es solo pasión, decir eso es quedarse corto. Es más. Es vivir el aquí y el ahora. Cuando digo vivir no me refiero a dejar pasar el tiempo, me refiero a VIVIR. A no querer estar en ningun otro lugar ni hacer otra cosa. A no pensar. A ser, unicamente a ser, esa canción, con esa persona.

    Cuando mis amigos se han enterado de que he empezado a bailar tango, varios han recurrido al cliché del bailarín de tango con la rosa en la boca. Bueno, hay algo de cierto en eso. Imaginaos esa boca, y esa rosa. Una rosa con espinas (como la vida, como la muerte, como el tango) y esas espinas se clavan y los labios sangran. El tango es eso. Es el beso dulce con el sabor salado de la sangre. Y la pasión del tango es la que pones en ese mismo beso, sabiendo que puede ser el último. Eso es el tango. Esa es la forma en la que hay que bailarlo, disfrutando lo bueno, lidiando con lo malo, en resumen: VIVIENDO.

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