sábado, 8 de agosto de 2015

Coleccionistas.


  Estaba hace unos días (días de mallorquín, osea, entre 2 y 300) cenando con una amiga, una buena amiga, una de esas personas (de las pocas) que te importa.

  En un momento de la conversación hubo un malentendido, mi amiga, dulce y angelical normalmente, se transformó en un miura zaino azabache, y yo supe que en aquel particular San Fermín que iba a acontecer, iba a jugar el rol de pamplonica, y que Dios reparta suerte.

  Como era de esperar me alcanzó, me empitonó y salí volando. Quince minutos después ya habíamos hecho las paces entre lágrimas y risas.

 Lo interesante no es eso, lo interesante es lo súbito de su transformación. Y no es que mi amiga tenga doble personalidad, es que sin quererlo, le ha tocado ser  (como a mi, como a tantos) coleccionista . Coleccionista de cicatrices. Y es que una vez que te has quemado tocando el fuego, cualquier cosa que brille te pone en guardia.

  En su colección tiene de todo, sobre todo capullos, los tiene profesionales, de primera división e incluso un par de capullos champions league.

  También tiene pirados. Pero lo peor es que en la lista hay un cobarde.Esos son los que dejan la cicatriz mas grande, la que tarda mas en curar. Un tío que en su día no supo lo que quería y huyó. Sin explicaciones.

  Ahora mi amiga ha conocido a un chico, uno que vale  la pena, o eso parece, el tiempo lo dirá, pero ella no se fía,  no quiere volver a pasarlo mal. Y la entiendo. Pero en la vida hay que arriesgar, porque si no pones las fichas en el centro de la mesa, no vas a perder, pero nunca vas a ganar; la partida va pasando, el tiempo va pasando, las apuestas suben, y llega el momento donde las fichas que te quedan ya no te bastan para recuperarte, estás fuera  y lo sabes, y entonces es cuando estas jodido de verdad,  y piensas que lo tendrías que haber intentado.

   Eso no le va a pasar a mi amiga, porque es valiente y se ha enfrentado a sus miedos, como hizo antes, como volverá a hacer pronto. Porque sabe lo que quiere y va a por ello, porque sabe, que al fin y al cabo: "hemos venido a jugar".

 

domingo, 19 de julio de 2015

"Que tengas suerte mañana"


  Mª Antonia dixit. A lo que yo respondí "¡Gracias!" con mi mejor sonrisa, a ella y a los demás. Ya sabéis, ante todo protocolo.

  Pero por dentro pienso que no, que mejor no.

  No me gusta la suerte. Esto es así. La suerte es como el dinero, no tiene amigos, puede estar de mi lado o de parte de mi rival. Prefiero que no haya suerte, ni para el otro ni para mi, que sea mas justo, que solo dependa de nosotros, que solo dependa de mi, de lo duro que haya trabajado, de lo duro que este dispuesto a luchar, de no rendirme, de arriesgar.

  Julio Cesar dijo que "una batalla sin riesgo es como una victoria sin gloria". Una batalla que ganas por suerte también es una victoria sin gloria, sin merito. Porque sin la suerte hubieses mordido el polvo, porque no ganaste por ti, sino por azar. No. Nada de suerte. Si fallo, que solo haya dependido de mi, porque eso lo puedo corregir, porque la próxima vez estaré preparado, porque en cuanto barajen volverán a darme cartas, y en la vida da igual las cartas que vengan, a veces serán buenas, a veces malas;  lo único que importa  es como las juegas, sean las que sean, y eso no depende de la suerte, solo de ti.

domingo, 3 de mayo de 2015

Puntos de referencia


   Hoy he quedado con Pep. Solemos vernos cada dos semanas, a veces antes, depende de lo que nos tengamos que contar.

   Nos ponemos al día, repartimos cera, reímos y a veces, sólo a veces, pasan cosas inesperadas. Hoy no ha pasado nada inesperado.

  Nos hemos puesto al día en poco tiempo, porque últimamente nos va bien en nuestras respectivas guerras (él la suya, yo la mía) básicamente porque ya no nos las tomamos muy en serio. Puede que de esta manera no las ganemos, pero ahora sabemos que este es el único modo de no perderlas.

   Los dos estamos bien, en un gran momento, hace mucho que no estabamos así, y lo mas interesante es que somos conscientes de ello, y que no estamos dispuestos a renunciar a esta estabilidad así por las buenas. Luego se nos cruzarán los cables y perderemos los papeles para acabar brindando por otra derrota, pero, ¿qué diablos? ¿acaso no hemos venido a jugar?

  Y mientras hablaba con él, cuando ya nos íbamos a marchar y era de noche, una noche oscura y sin estrellas, he visto un resplandor por encima de un edificio a sus espaldas y me he preguntado si sería llena. Y sí, era llena.

  Y he pensado (Pep, si lees esto te pido disculpas porque he asentido, pero no te escuchaba) que nunca me canso de mirar la luna llena. No me llaman la atención ni los cuartos menguantes, ni crecientes, ni las medias lunas...por no llamarme la atención, no me la llaman ni los eclipses. Pero la luna llena sí, eso son palabras serias.

   Y ya en el coche, de vuelta a casa, pensando en cómo me sigue fascinando, cómo puedo mirarla cada vez como si fuese la primera (ojalá pudiese recordar la primera vez), he recordado algo. He recordado una vez que estaba de viaje. Estaba hablando por teléfono con alguien que estaba aquí, pero estando yo allí (a dos horas en avión) era como si estuviese en otro mundo, y los dos, pese a la distancia estábamos viendo la luna llena, y fue algo muy bonito, pero que rompió mis esquemas. Hasta aquel momento siempre había sido algo muy mio, era como que si yo la veía, la gente a mi alrededor también la podía ver, pero...¿alguien en otro país? Ese día aprendí que la luna llena no era mía.

   Hoy he tenido una revelación comparable a a esa. Me he dado cuenta de que es un punto de referencia, como lo es el mar, como lo son mis padres, como lo es el mismo Pep.

  La luna llena no me dice a donde debo ir, ni si voy bien o mal, pero me recuerda que hay cosas que aunque ya haya visto muchas veces antes, y no hayan cambiado, me siguen fascinando, y que esas son las cosas (personas) de las que me he de rodear, de las que no me canse, y que me llenen, el simple hecho de ser como son.


miércoles, 11 de marzo de 2015

La vida es un tango.

   Esta entrada deberías leerla escuchando está canción:
   https://www.youtube.com/watch?v=ic4PQ-tnwJw

   Avisados estáis.

    Hace unas semanas descubrí el tango. Bueno, no lo descubrí porque ya estaba ahí, porque el tango siempre había estado ahí, dentro, esperando, entre el corazón y las vísceras, en ese lugar donde guardamos las cosas que duelen, las que necesitan estar en una caja bajo llave. Porque eso es el tango, el tango no es alegre (sería salsa), es nostalgia, es desengaño, es drama, es tragedia.

   Hay gente que dice que el tango es pasión, y es cierto, pero maticemos, porque no es solo pasión, decir eso es quedarse corto. Es más. Es vivir el aquí y el ahora. Cuando digo vivir no me refiero a dejar pasar el tiempo, me refiero a VIVIR. A no querer estar en ningun otro lugar ni hacer otra cosa. A no pensar. A ser, unicamente a ser, esa canción, con esa persona.

    Cuando mis amigos se han enterado de que he empezado a bailar tango, varios han recurrido al cliché del bailarín de tango con la rosa en la boca. Bueno, hay algo de cierto en eso. Imaginaos esa boca, y esa rosa. Una rosa con espinas (como la vida, como la muerte, como el tango) y esas espinas se clavan y los labios sangran. El tango es eso. Es el beso dulce con el sabor salado de la sangre. Y la pasión del tango es la que pones en ese mismo beso, sabiendo que puede ser el último. Eso es el tango. Esa es la forma en la que hay que bailarlo, disfrutando lo bueno, lidiando con lo malo, en resumen: VIVIENDO.

miércoles, 11 de febrero de 2015

Mi credo.

Creo en el café. Para empezar el día, para seguirlo, para charlar, para confesar, para conocer, para conocerse.

Creo en los sí y creo en los no, pero sospecho de los “puede”, “quizás” y sobretodo de los “sí pero...”. Amigos, cuando oigáis un “sí pero...”, especialmente si va precedido o acompañado de un “casi seguro”: ¡corred!

Creo que los amigos van y vienen, que la gente crece y cambia, y que nosotros también cambiamos, aunque no nos demos cuenta.

Creo en los retos, en luchar por lo que quieres, en tener objetivos. En levantarte y empujarte al limite y descubrir que está mucho mas lejos de lo que creías, y que por mas que te esfuerces no consigues llegar porque se va alejando de ti con cada paso que das. Siempre un paso más.

Creo en hacer aquello que te apasiona, y si no lo has encontrado, ¡búscalo!

Creo que segundas partes pueden ser tan buenas o mejores que las primeras, y si salen mal, ¿qué diablos...?, lo habremos intentado.

Creo que si solo hacemos aquello que sabemos que va a salir bien, la vida es un rollo (eufemismo), que lo que tiene gracia es hacer cosas que pueden salir bien y pueden salir mal, notar el golpe de la adrenalina en la boca del estomago, arriesgar, en definitiva: jugar. Porque, señores, hemos venido a jugar. Y si sale mal, bueno, si sale mal, ya habrá tiempo para llorar mañana.

Creo en la sinceridad. Pero en esto estoy muy solo, todo el mundo dice que quiere sinceridad, pero, entre nosotros, es mentira, la gente quiere oír lo que le gusta o le conviene.

Creo que las cosas sencillas son mejores, desde la decoración de una casa, hasta un gin tonic (especialmente un gin tonic).

Creo en la gente que escribe bien. Creo en ellos como un último reducto donde escapar.

Creo que este mundo es lo que es, y yo soy lo que soy. Que eso a veces me gusta y otras no tanto.

Creo que si estoy con alguien con quien no me rio, va siendo hora de marcharme.

Creo en viajar solo; con una mochila, una cámara de fotos, un cuaderno y un par de tarjetas. Creo en preguntar cual es la comida típica y que vale la pena ver. Y creo que la gente que cuelga lo que hace en facebook, se siente muy sola.

Creo que las cosas importan, solo si nosotros dejamos que importen. Que todo el mundo va a lo suyo, y que a la hora de la verdad siempre se está solo.

Creo que la vida es una cuestión de actitud. Y yo prefiero tomármelo a risa.

Creo en las retiradas (para reagruparse), pero no en las rendiciones. Creo que a veces se gana y a veces se pierde, pero que siempre se lucha, aunque no queden fuerzas, aunque no queden esperanzas.

Creo en mi, que no es poco, y creo en ti (sí, sigo creyendo en ti), pero en nadie mas.


La idea para este post la cogí de otro blog, uno de verdad, que os recomiendo encarecidamente si os gusta leer: http://manual-de-un-buen-vividor.blogs.elle.es/

domingo, 25 de enero de 2015

Esto. Es. Chinatown!!!!!


   Sí sras. y sres. vivo en Chinatown, en el chinatown mallorquín, y me encanta.

  Tras una nueva peripecia en mi búsqueda de piso compartido (buscar piso compartido es como buscar el santo Grial, pero mucho mas peligroso) encontré finalmente esta joya, supongo que fue cuestión de providencia, porque ya estaba harto de tanta historia y tanta mandanga y me iba a hacer la maleta a la voz de ar! Pero no, quiso el destino que me ofreciesen una habitación aquí, y aquí estoy.

  De momento estoy muy contento, pero llevo poco, así que el tiempo dirá.

   El barrio es.....el barrio es muchas cosas. 

   El único problema es que por las mañanas al levantarme digo eso de "¡ja es de día a la vil.la del pingüí!" ¿qué por qué lo digo? ¡¡¡Porque hace un puto frío que te mueres!!!

  No, en serio, esto es un problema. Los que me conocéis sabéis que no soy friolero, que soy del norte (del norte del Rafal, me refiero) y me río de las olas de frío, de la nieve en el Massanella y del frigo pie. Además no me gusta quejarme, pero esto me supera, estoy ahora mismo escribiendo, mientras el vapor sale por mi nariz, mis labios (cortados) gotean sangre y Frusti, nuestra mascota, un oso polar, tirita en un rincón.

  Diría eso de "quiero que llegue el verano, ¡ya!" pero no quiero que llegue, es mas, temo que llegue, porque tengo el presentimiento (lo noto en forma de punzada en mi costado izquierdo) de que si ahora parece un campamento base en la Antartida, en Junio esto puede parecer la savana del Serengeti.