jueves, 24 de julio de 2014
Fin de etapa.
Estoy en la estación de Hove esperando el tren que de camino a LondonVictoria, tenga a bien dejarme en London Gatwick. A mi derecha ingleses, a mi izquierda, ingleses, por la megafonía hablan en inglés para pedir disculpas por el cambio de plataforma para el tren con destino a Littlehampton. Estoy en casa, me siento en casa.
Pasan 3 horas.
Estoy en un bar de Palma, ese donde el camarero nos conoce y espera a que le digamos dos medianas, aunque hoy, como solo vamos a tomar una, y Pep tiene ganas de cambio, pedimos Gin Tonic (lo pongo en mayúsculas porque un Gin Tonic es algo muy serio). Estoy en casa, me siento en casa.
Esto no puede ser bueno, no puedes sentirte en casa en dos lugares que están separados del otro a 2 horas y cuarto de avión, donde la cultura y el idioma es distinto, y sobretodo, no puedes tener ese sentimiento el mismo día.
Esta vez la sensación es totalmente distinta, no he venido de vacaciones, no he venido para volver a Brighton (con tristeza unas veces, con alegría otras). He venido para quedarme, o por lo menos, para no volver allí.
Ha pasado una semana desde que aterricé en Palma, sigo con la misma sensación, no es alegría, no es tristeza. Hecho de menos Brighton, pero tampoco pienso en volver, no quiero volver. Aquí aunque ya adaptado, no me encuentro (expresión que siempre me ha hecho gracia) No veo aventuras en el horizonte mientras me quede en territorio Mallorquín. Pero tranquilos, no desesperéis, se que queréis chicha y chicha os voy a dar, el domingo me a visitar a un amigo a Málaga, ya sabéis, esto promete. ;)
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