domingo, 28 de enero de 2018
Propositos de Noviembre
Estaba el otro día (el otro día hace 3 meses ya) hablando con Luz. Hablábamos de mejorar, de crecer, y entonces hizo la pregunta, "¿que te gustaría cambiar de ti?" Toma ya. Así, a quemarropa y sin despeinarse, con la dulce e inocente sonrisa que la caracteriza.
No hace falta decir que se hizo el silencio, no ya en la mesa, sino en todo el bar, un tugurio atestado de gente, donde los respaldos de las sillas practicamente chocaban. Todos los ojos sobre mí. Le di un sorbo a mi beefeater (¿puerto de que? la ginebra debe saber a ginebra) y pensé un poco. Me había gustado la pregunta. Fui contestando, sin demasiado esfuerzao, porque a estas alturas de la película ya me conozco bien, entenderme, lo que se dice entederme, no me entiendo, pero si que me veo venir de lejos y se como es la tela. Sorbo a sorbo fui elaborando una lista.
¿La lista?, decir "no me apetece", pasar de lo que piensen de mí, ser menos procrastinador, mimarme más (soy muy espartano yo) y ser menos vergonzoso. Esta última seguro que sorprende a los que me conozcan, pero es así, lo soy, no soy tímido, pero si vergonzoso.
El caso es que era una lista que estaba la mar de bien, y como no creo en los propósitos de año nuevo, porque creo que si quieres hacer algo, lo haces y listos, y si buscas excusas y lo vas posponiendo es que en realidad no quieres hacerlo, decidí empezar al día siguiente. En realidad con todas esas cosas llevo años lidiando, a temporadas con mayor éxito y a temporadas con el más absoluto de los fracasos.
Estamos a finales de Enero y sí que he dicho algunas veces "no me apetece". Lo de procrastinar, me va a días, pero en general lo llevo bien. Me he hecho algunos regalos (un equipo de pesca que casi tiro al mar el día que lo estrené, muy en mi linea, pero eso es otra historia). Y lo de la vergüenza.... eso es complicado, forma parte de mi carácter, y ahí de momento no he observado avances.
Lo mejor lo dejo para el final, claro, "pasar de lo que piensen de mi". Ojo a mi osadía. Pasar de lo que piensen los demás. ¿Se puede llegar a eso? Recuerdo que cuando estaba en el camino de Santiago, sin afeitar, oliendo a choto, con la ropa polvorienta, y los calcetines colgados de la mochila para que se secasen al sol, me daban igual 3 que 30. Por las tardes, para pasear por el pueblo iba con calcetines y crocs (las chanclas esas con agujeritos) y me daba igual si la gente me miraba. Pero aparte de esa ocasión, no lo he vuelto a conseguir. Vivo condicionado por lo que piensen los demás de mí. Mi familia, mis amigos, mis compañeros de trabajo, hasta mis vecinos. Un sin vivir. Y todo ¿para qué?, no tiene ningún sentido, y lo peor es que lo se. Que piensen bien o mal de mí, no va a cambiar nada. Pero saber algo, no necesariamente hace que lo creas.
El caso es que no soy de los que se rinden fácilmente. Entre mis pocas virtudes se encuentra la determinación, y estoy decidido a conseguirlo. Los avances que haga, que los haré, me permitirán cortar una cadena, una cadena que llevamos muchas personas, y que es la que no nos deja volar.
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